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19. MOYA, UNAS RUINAS ENTRAÑABLES

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    No llevo bien la cuenta de los temas a los que he dedicado atención en casi cincuenta años de escritura cotidiana, pero si tuviera tiempo (y ganas) de hacer una clasificación detallada, seguramente que el nombre de Moya aparecería en uno de los primeros lugares, desde aquel inicial acercamiento, hace casi tanto como indica la cifra que ya he señalado y que coincidió con la que, según mis cuentas, fue la última ocasión en que la titular del marquesado acudió a visitar sus posesiones, unas físicas y materiales, otras sentimentales. De entonces acá, mucho ha llovido y doña Cayetana, en su ajetreada vida social, plagada de bodas, divorcios y amores tardíos, seguramente tuvo muy difícil encontrar ocasión para ir a recorrer ruinas, ritos y placeres espirituales en lugar tan inhóspito y diferente de los que ella prefería en vida. Pero estaría bien, sin duda, que año en que toque cumplir el septenario de la subida de la virgen desde Garaballa, el nuevo duque de Alba y marqu...

18. LA CALLE LARGA DE ALMODÓVAR DEL PINAR

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   Si algún día la actual carretera CM-220 se transformara en autovía Cuenca-Albacete (como los políticos suelen anunciar en campaña electoral, una vez tras otra) eso llevará consigo, como en todos los casos conocidos, la eliminación del paso por el interior de Almodóvar del Pinar. No discutiré la bondad de este sistema que evita a los vehículos cruzar por el interior de las poblaciones y con ello los riesgos consiguientes, pero también es verdad que siempre me pareció interesante la posibilidad de echar un vistazo, siquiera fuese de prisa y en algunos casos corriendo más de la cuenta, a pequeños pueblos que no gozan de los atractivos turísticos suficientes para detener la marcha y pasear un rato sosegadamente por ellos. Al perder el paso del tráfico Almodóvar perdería también una de sus circunstancias sociales y económicas más estables, porque ese carácter de cruce de caminos ha formado parte secular del sentido histórico del lugar hasta convertirse en un punto neur...

17. EL CABRIEL ACARICIA EL PUENTE DE VADOCAÑAS

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            Los seres humanos tenemos pleno derecho a sentir aficiones por unos temas y desapego por otros. Si no, seríamos todos iguales, con el aburrimiento consiguiente. Entre mis temas preferidos se encuentra, desde siempre, una incontenible atracción hacia los puentes, todos los puentes, en los que encuentro una evidente importancia como elemento de comunicación entre dos orillas en apariencia separadas, distantes, aisladas, pero que gracias a los puentes pueden quedar enlazadas, salvando la distancia entre ellas. Hay aquí, por supuesto, una metáfora evidente.             Me gustan los puentes, todos los puentes, desde los pequeños, de piedra, construidos apenas para salvar un riachuelo, y que los pueblos, por generalización simplista suelen llamar “romanos”, cuando en realidad quedan poquísimos de aquella época y la mayoría de los que así se denominan son medievales, hasta los más grandes, ...

16. TEJADILLOS, EN EL SILENCIO DE LA SERRANÍA

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         A los parajes de la Serranía de Cuenca acostumbran los narradores atribuirles algunos conceptos que, por manidos y repetidos, encuentran fácil acomodo en el entendimiento de las gentes. Hay que decir, por lo menos, que son abruptos, cuando no ásperos, intrincados, escarpados, fragosos (excelente folleto, con este apelativo, Tierra Fragosa, el que escribió en tiempos Juan Giménez de Aguilar), intrincados, escabrosos y no sigo recurriendo al repertorio de sinónimos, que sin duda no se agota aquí ni muchísimo menos. Seguramente yo mismo también he utilizado en algunas ocasiones esa generosidad de nuestro idioma, porque son palabras que vienen bien cuando uno quiere aportar expresividad sonora y rotunda al escenario, siempre magnífico, que tiene delante de la vista tan pronto abandona el recinto urbano para desparramar emociones al aire libre. Y sin embargo, pensándolo en frío, con una intención más objetiva que sensitiva, creo que en l...

15. EL BELLO LAGUNAR DE EL TOBAR

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    En un espacio aparentemente insignificante, alejado, en un extremo de la provincia de Cuenca, se encuentra uno de esos rincones paradisíacos que se descubren un día cualquiera, como al azar, y al que siempre gusta retornar porque la visión del espacio ofrece en cada nueva ocasión perspectivas diferentes. Para mi gusto, la laguna de El Tobar es uno de los parajes más hermosos de los muchos que encierra nuestra provincia y pienso, también, de los más desconocidos por nosotros mismos, aunque como ésta es una valoración subjetiva igual si hiciéramos una encuesta daría un abrumador resultado de conocimiento.    Técnicamente parece que son dos los lagunares aunque, como están comunicados a través del río Masegar, en realidad aparentan ser uno solo, que tiene una curiosa particularidad, al parecer aún en trance de misterio para la ciencia, que no alcanza a desentrañarlo, pues es de agua salada en lo profundo y dulce en la superficie. Estamos ante ...

14. ARCAS. UNA MARAVILLA DEL ROMÁNICO

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     Ahí mismo, al lado de la ciudad, al alcance de la mano como quien dice, se encuentra uno de los lugares más bellos, sugerentes, atractivos y todos los epítetos que se quieran añadir (el diccionario es generoso) de cuantos forman el rosario, también abundante, de sitios merecedores de visitar y ver. Imagino que buena parte de lectores habrá identificado de inmediato, nada más ver la foto, la iglesia de Arcas, la mejor conservada, también la de más brillante y singular aspecto, de cuantas forman el entramado primitivo de la estructura eclesial de la provincia. Sorprende , de manera muy notable (yo, al menos, no he conseguido acostumbrarme a ello) que esta belleza, situada en un lugar perfectamente accesible, en un pueblo bien conocido, donde no había nada que ocultar ni misterios que esconder, permaneciera totalmente ignorada por historiadores y cronistas hasta bien entrado el siglo XX. Es inútil buscar mención alguna en los habituales escritores sobre Cuenca: des...

13. UN PALACIO SEÑORIAL EN BARCHÍN DEL HOYO

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A veces abusamos -yo también, desde luego- de apelaciones un tanto rutinarias a “lo desconocido”, “lo olvidado”, con aplicación directa a pueblos y lugares que, en realidad, están al alcance de la mano, requiriendo apenas un pequeño esfuerzo para ir a verlos o conocerlos. Es cierto que, en la situación hacia la que ha derivado nuestro mundo, empeñado en seguir las pistas marcadas por las grandes líneas de comunicación –autopistas, autovías, trenes de alta velocidad, aviones que ponen más cerca Londres y Nueva York que un pueblo de aquí al lado- los pequeños lugares carentes de esas virtudes van quedando cada vez más al margen, como puntos perdidos en el mapa, indiferentes al interés del colectivo turístico. Y como el gremio educativo tampoco parece estar por la labor, agobiado sin duda por otras graves preocupaciones, una sombra de silencio o desconocimiento va extendiéndose por tantos sitios que deberían merecer una mirada amistosa de vez en cuando. Barchín del Hoyo no está en ...